jueves 9 de septiembre de 2010

I Acuatlón “mecagoenlasoposiciones”

Hola amigos. Esta mañana he tenido un experiencia religiosa. He visto amanecer mientras nadaba en el mar.

Había quedado con Diego, Manu y Marcelo para entrenar a las 7.00 en la Playa de la Malvarrosa (Valencia). Pero anoche pensé que sería divertido correr una hora antes de nadar, así que amanecí a las 5.30, un poco más temprano que de costumbre. La idea era dejar el coche en el parking de la UPV, salir a correr por la playa sobre las 6, hasta las 6.45 que habíamos en casa de Diego. Dicho y hecho. Carrerita suave por el carril bus cruzándome a los rezagados de las discotecas playeras…como suele pasar siempre que corro por estas fechas en la playa. Un poco de aire fresco ideal para correr. Nada fuera de lo normal.
A las 6.45 subo a casa de Diego y “pi, piiiiiiii, pi, piiiiiiii”. Mensaje de Manu: “Diego no me esperes que me he quedado sobao”. Manu, ¡no sabes lo que te has perdido! En fin, Diego y yo, nos dirigimos hacia la playa porque Marce no llegaba tampoco. Y empezó el orgasmo espiritual. Ahora entiendo a Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. 
Eran las 7 a.m. y allí estaba yo. De pie, con las olas del mar bañándome los pies y la luz malva del sol dibujándose en el horizonte. La adrenalina empezaba a inundar mis venas y arterias y sentía el latir de las sienes. El mar estaba plano y oscuro. Nunca había nadado a ciegas en el mar. Se notaba el agua limpia y transparente pero, sin luz, no se veía nada. La tensión se notaba en cada brazada. Cada tres brazadas levantaba la cabeza a ver por dónde iba Diego. Nadábamos sincronizadamente, tal y como cabalgaran Don Quijote y Sancho Panza en la Obra de Cervantes. A medida que el sol asomaba, el malva iba extendiéndose entre las escasas nubes que poblaban el cielo. Era como si cada una de nuestras brazadas activara un mecanismo de relojería que hacía salir el sol. Una vista espectacular, ver aparecer el sol entre las olas. No tengo palabras. Tras diez minutos orgásmicos, ha aparecido Marce y se nos ha unido ahora éramos la versión acuática de el bueno, el feo y el malo, la versión triatleta de Bob Esponja, Patricio Estrella y Calamardo Tentáculos. Y allí estábamos los tres, dale que te dale, brazada tras brazada, patada tras patada, avanzando entre las olas haciendo salir el sol. Todo era idílico cuando de repente…”¡Medusa, medusa, Diego ten cuidado que me acaba de picar!”. Marce caía envenado por el abrazo doloroso de una señora tentáculos. Y aquí empezó la fiesta. Las medusas casi nunca viajan solas así que tras ver algunas otras alrededor, empezamos a nadar hacia playa. A mí estas cosas me ponen muy nervioso. No sé por qué cada vez que veo una medusa, en lugar de acordarme de Buscando a Nemo, me acuerdo de tiburón y me viene a la cabeza una lucha a muerte contra una gran blanco mientras las picaduras de medusas me paralizan…En fin, ¡que veía medusas por todas partes! Llegamos a la playa, carrerita suave hasta casa de Diego por la orilla.
Una vez allí, me he puesto las zapatillas de correr y a entrenar los 55’ de fartlek que me tocaba hoy según mi MyCoach de Adidas (por cierto, os recomiendo la web).
Y de allí a currar…Os prometo que hoy me pensado en cogerme la baja por depresión. Hace dos horas estaba en la playa y hace tres nadando en el mar.
Muchas gracias a Diego y Marce, por compartir conmigo este momento tan especial…y a Manu por intentarlo. Marce, espero que no sea nada.

lunes 7 de junio de 2010

I Triatlón de la Sierra del Segura 2010

Os cuento primero la versión corta. El triatlón lo puedo resumir en tres palabras: LA PUTA MADRE!!!! Esto sí que es un triatlón y no lo de Elche. Lo de Elche es una risa, un paseo por las nubes pero sin Aitana Sánchez Gijón. Y no lo digo solamente yo, lo dice gente de Elche que fue.

Y ahora minuto a minuto…

Sonó el despertador a las 4.30. El desayuno era a las 5.00 y el autobús hasta el pantano del Talave salía a las 6.00. Nos esperaban 20 km de camino de cabras (que luego pasamos en la bici de carretera) hasta llegar allí. Montados en el autobús con el “traje de guerra” en la mano, nos dispusimos a afrontar este nuevo reto. Allí estaba él, esperándonos desafiador, mirándonos de soslayo como faltándonos al respecto. Pero, en el campo de batalla lo que importa es el honor, el sacrificio que uno está dispuesto a hacer por superarse cada día más, la astucia y la estrategia que, como en una partida de ajedrez solo comparable a la descrita el El Ocho, definen el éxito o el fracaso de la contienda. Por todas partes se respiraban victoria, tensión y dolor. No lo sabíamos con certeza, pero estábamos casi seguros de que, el agua cristalina en donde ahora se reflejaban los débiles rayos del sol naciente, se teñiría pronto de sangre, sudor y lágrimas.

No os contaré cómo me apareció una raja en el traje de triatlón porque podría parecer chulesco pero, cuando lo veáis, los comprenderéis. Es lo que pasa cuando se te engancha el traje entre las montañas de la entrepierna. Con el disgusto y la mala leche que me entró (además del agua en cada patada), me dirigí a las aguas en donde siglos atrás se bañaran las vírgenes moras y en las que, veinte minutos más tarde, unos aguerridos triatletas iban a medirse contras las fuerzas de la naturaleza. Resultaba extraño no tener medusas de las que esconderse aunque algún lugareño nos advirtió de que tuviéramos cuidado “con las culebricas”. Si había, nos la ví. 

Finalmente, dieron la salida y fuimos a hacia la bolla. A 500 metros de ella, no se veía. Además, de color amarrillo con el fondo marrón verdoso claro de las laderas de las montañas, las gafas empañadas y el vaivén de la respiración, por no hablar de las patadas y empujones del principio, hacían muy difícil coger una referencia que no fuera el quinto pino (sí, una de las cosas que aprendí es dónde está). Por fin apareció un puntito en el horizonte de color amarillo tímido al que se dirigían un chapoteo. Levanté la cabeza, ¡anda, solo cuento cuatro gorros!. Azuzado por el subión, decidí a apretar el ritmo y me uní al grupo de cabeza. Casi los pillo al dar la vuelta a la boya. ¡Ahora a por la siguiente! Otros 500 metros más, esta vez con el sol de frente, sin referencia ninguna (el quinto pinto ya lo había dejado atrás) y ya no se veía el chapoteo. O se los había comido el primo de Nessi o los había adelantado. Ninguna de las dos cosas era muy probable, así que decidí continuar a un buen ritmo pero yo solo. Ya sé por qué no vi la bolla: ¡la había sacado de los dibujos de Los Diminutos!. Le dí la vuelta fácilmente y busqué la boya que había en la salida para completar la primera vuelta al circuito de 1500 m. Vi lo que parecía un cúmulo de gente (no había arca de salida) y la bolla la había construido David El Gnomo, me dirigí hacia allí, raudo y veloz. De repente, cuando me parecía que ya estaba, me apareció Pocahontas, montada en una canoa y armada con un remo. Me sonrió mostrándome las deslumbrantes perlas de su boca con la melena al viento y me dijo…”¡Chacho, si sigue en esa dirección te vas a ir embalse pa’bajo¡” Levanté la cabeza y tenía la boya donde fue Perico Sarmiento cuando se lo llevó el viento. Me di la vuelta y salí cangando leches hacia el objetivo. ¡Mierda, ya se me han colao delante! ¡Joder, con lo bien que iba!...En fin, llegué a la boya, le dí la vuelta y volví a apretar. Conseguí recuperar algo respecto al grupo de cabeza, pero ya estaba cansado. Me pesaban los brazos y la moral. Aun así, no cejé en mi empeño de hacer un buen segmento de natación, ¡para algo que no se me da muy mal! Bueno….ya solo quedaban otros 1500 m. Respiraba cada 5-3-2, intentando no desviarme. Pasé la primera boya, pasé la segunda y, con los ojos llenos de lágrimas ví que, sin quererlo, me aproximaba otra vez a Pocahontas. Paré en seco, maldije mi sentido de la orientación y volví a corregir el rumbo. Pero ya era tarde, mi objetivo de salir pronto del agua era inalcanzable. Decidí bajar un poco el ritmo para no morir antes de subir en bici. Salí sin pena ni gloria, entre desanimado y con mucha mala leche por el roto del neopreno y la desorientación, pero bueno….no era tan mal tiempo después de todo: 48’ y pico en 3000 m oficiales (más lo que hiciera de regalo en dirección a Pocahontas). Reventao y clavándome las piedras en los pies, recorrí los 120 m me separaban de mi corcel negro. Me senté en el suelo y me quité en el neopreno con tranquilidad (4’ de transición). Me subí a mi Babieca y, como ya hiciera El Cid, me dirigí a reconquistar el territorio de infieles.
Me había dicho que el recorrido era duro y largo (lo que recuerda dónde se me enganchó el neopreno). Podéis ver el perfil aquí: http://www.trihellin.com/images/stories/datosinteres/pdftriatlon/pdf.png. Parece duro pero lo es mucho más. Tramos de 20 km de subida con pedazos (aquello no eran tramos, eran pedazos), de 4 o 5 km y pendientes del 10 %. Sufrí lo indecible. Ya sabéis lo “muchopoco” que salgo en bici y que mi corcel negro ya está mayor. Si hubiera tenido un desarrollo más…Subía y bajaba por las escarpadas cumbres cinceladas por la sabia mano del Creador. Serpientes de asfalto que seseaban siseando abrazando las laderas de la montaña, envolviéndonos a los triatletas en abrazo que para algunos compañeros resultó fatal. Por fin, llegué a Liétor, pueblo construido al borde de un precipicio. Paisaje precioso, por cierto. Allí había un avituallamiento. Paré llené los botellines de agua, me tomé todavía no sé cuántos geles y me comí dos platános. Estaba exhausto y todavía me quedaban 60 km. Hablé con un voluntario, me dio suerte y ánimo y me puse en marcha a seguir sufriendo. Los kilómetros estaban pintados en el suelo con el color rojo, creo yo, de la sangre de quien los pintó. Cuenta la leyenda que nunca más se supo del voluntario que lo hizo. Muerto de calor, de sed y con las piernas agarrotadas, llegué al km 90. ¿Y dónde cojones está Hellín? – pregunté con un hilo de voz al oficial de la Benemérita que había en la Rotonda…¡Te faltan 4 km y un repecho, campeón! Yo sólo quería llorar. Pedaleé como puede y entre en la transición. Estaba roto, agarrotado, con la moral destrozada por el cansancio, pero nací guerrero y guerrero con honores moriré. Descabalgué de mi montura y me puse las zapatillas.
Bajo un sol abrasador, empecé con la primera de cuatro vueltas a un circuito de 5 km, lleno de cuestas largas no muy pronunciadas que parecían no tener fin. Las piernas no me respondían, no podía correr. Jamás me había visto así. Una piltrafilla humana. Empeza a pensar que no lo iba a conseguir pero, el no poder mirar a mis hijos a la cara, me hizo resucitar de mis cenizas y, paso a paso, llegué a meta. Deshidratado, vacío. Ni geles, ni sandía, ni agua, ni isotónica ni leches.
Eso sí, después de acabar, me fui a la piscina del pabellón y me hice 4 largos a mariposa. :D

jueves 3 de diciembre de 2009

Campeonato Interno de Natación de la UPV 2009

Si estabáis empezando a pensar que había cerrado el blog, pues no, es que he estado mucho tiempo sin competir...y, la verdad, me alegro de que mi reenganche haya sido un campeonato de natación.
Hace tanto tiempo de la última vez que participé en un campeonato de este tipo (en piscina, los triatlones y travesías no cuentan), que la noticia no se encuentre ni en el Google. Y es que corría el año 1989...¡Es del siglo pasado! En aquella competición quedé el tercero en 50 m mariposa. Y fue la última vez que competí...nunca me atreví a nadar en piscina larga algo que no fuera mariposa porque, he de confesarlo, me daba vergüenza que no me saliera el viraje de crol. Lo siento, Pepe (era mi entrenador), no fue a Guadalajara a competir por eso, no porque tuviera un esguince. El haberme acojonado en aquella ocasión es algo que llevaba clavado muy dentro de mi orgullo...hasta hoy. Os lo cuento.
"Hoy me he levantado dando un salto mortal...", es cierto, me he levantado con el sonsonete de la canción de Hombres G en la cabeza y, como todas las mañanas, con la melodía del We are the champions de Queen en la alarma del despertador del móvil. Toda la mañana hecho un manojo de nervios, con los músculos tensos y no por la competición en sí, sino porque hoy era el día que iba a volver a enfrentarme a mis miedos del pasado.
Al fin, la hora de ir a la piscina. Entro, me cambio y salgo fuera. Nadie. Me tiro al agua y empiezo a nadar tranquilamente. Había visto los tiempazos que tenían mis rivales en la serie...¡algunos me sacaban más de 1 minuto!. ¡Dios mío! Mis fantasmas volvían a hacer que me dieran calambres en los gemelos. La congoja se hacía presa de mí pero esta vez no iba a poder conmigo. Soy de la generación JASP (Joven Aunque Sobradamente Preparado) e iba a demostrarlo.
Por fin, al acabar un largo, veo a lo lejos una chapoteo alegre en la orilla de la piscina. Llego levanto la cabeza y me encuentro una colección de cuerpos DANONE que ríete tú del anuncio de D&G. Pero, ¿dónde voy yo con mi cuerpazo DANONEVAASERDELTOCINICO? Empiezan a tirarse al agua, como en Escuela de Sirenas...¡ay, mi madre! Cómo nadaban los tíos...me pasaban como las motos cuando voy en bici. Yo creo que ni corriendo les hubiera podido adelantar. Mis fantasmas volvieron a aparecer...y se volvieron a ir. Intenté abstraerme e ir a lo mío.
Nos llaman a la cámara de llamadas. Es la hora. 400 m libres. Preparados, listos, ya. Empiezo a nadar como un poseso. Ni mantener el ritmo ni leches en vinagre...Piso el acelerador desde el primer segundo. Ya en la salida, a alguna le pierdo la pista y no era porque el agua estuviera turbia. Primeros 100 m, me encuentro de maravilla, aprieto más. 200 m. Noto que me sobran fuerzas. 300 m, empiezo a notar el cansancio pero pero iba a parar. Solamente quedan 100 m. Esprinto desde el viraje y llego a la meta. ¡Mierda de tiempo! 5'48''. Otra vez los pXXXs virajes. El día que aprenda a hacerlos...
Ahora me quedan los 50 m...Así como salgo del agua, me nombran para la cámara de llamadas. Jadeando por el esfuerzo y, seguro, más rojo que un tomate, me dispongo para salir habiendo parado un minuto. ¡Por Dios! Que incluso los JASP tenemos que descansar. Preparados, listos, ya. Hasta los primeros 25 m he ido con el resto del grupo pero ha sido llegar a los 25 y empezar a boquear como Gill cuando salva a Nemo...creía que no iba a llegar. Pero, tras mucho sufrir, conseguí alcanzar la otra orilla. De nuevo, al primero le hubiera dado tiempo de ducharse y todo. Mi tiempo: 39''. Una castaña.
Conclusión: mis tiempos han dejado bastante que desear y por ese lado no estoy nada contento. Sin embargo, me he quitado una espina del mi orgullo que creía que iba a tener clavada para toda la vida. ¡Qué alivio!
Y, que conste, cuando han empezado las salidas yo ya llevaba 2000 m en los brazos, he nadado, como siempre, con mis dos bañadores y mis pelos también nadan conmigo (yo no me depilo). El día que en lugar de un calentón haga un calentamiento, me compre un bañador de competición, me depile y aprenda a hacer los virajes...se van a enterar. Siempre me quedará esta duda pero, eso sí, he perdido ganando. 8)
Muchas gracias a todos por vuestro tiempo.

jueves 18 de junio de 2009

Volta a Peu de Tavernes Blanques 2009

Llevaba mucho tiempo queriendo escribir un post como éste...No es una gran azaña, ni una carrera larga, ni una prueba durísima: es la primera carrera en la que participo con mis dos hijos. :)

He empezado a escribir el post el viernes cuando, en realidad, el acontecimiento al que me refiero acontecerá (y valga a “rebuznancia”) mañana sábado, D.M. Y me comprometo a no borrar nada de lo que escriba hoy cuando mañana o el domingo afronte el reto de acabar este post. Sin censuras, como debe ser…

¡Basta ya de rollos! Mi propósito es instruiros sobre lo duro que es ser hijo. Sí, sí…siempre se ha dicho que ser padre es muy duro que, tan pronto viene tu hij@ al mundo es un empezar a sufrir (no come, come mucho, no caga, caga mucho, caga en colorines, no anda, no para de andar, etc.) y, los que tenemos hij@s lo sabemos muy bien (yo tengo dos) pero, ¿alguien se ha parado a pensar en cómo ven esos locos bajitos las cosas? Yo creo que no, que la empatía la perdemos tan pronto el enano o la enana sale del vientre materno. Y, claro, yo no iba a ser una excepción…

Mi obsesión para con mis hijos es poner en práctica el lema (creo que) griego de Mens sana, in corpore sano. Quizá sea porque en el cole era el típico empollón patoso del que todo el mundo se reía y siempre me “puse a Dios por testigo de que no volvería a pasar hambre”. Quizá por eso tengo la colección completa de Little Einstein, Baby Einstein e incluso un póster de Einstein; quizá por eso tenga toda la colección de juegos interactivos de Los Lunnis; quizá por eso, les pongo los documentales de La 2 o la radio de sonido de fondo mientras juegan y antes, cuando no pedían ya su propia música, disfrutaba en los viajes con la música clásica, el jazz y soul. Pero eso es soportable…y quizá por eso con lo que realmente me pongo pesado es con el deporte. Para mí la actividad deportiva es un valor, más que un hábito saludable y yo necesito hacer deporte casi como respirar. Cuando uno se imagina cómo es la vida con hijos suele verse rodeados de clones suyos que piensan como él, tienen los mismos gustos que él…Yo siempre he soñado en salir a correr, en bici, a patinar, a jugar al tenis, al pádel, al squash, …con mi prole. En mi casa pelotas no faltan (y no me refiero, sólo, a las mías)…raquetas tengo más que en Decathlon…y zapatillas…más que zapatos la Sexo en Nueva York. El día que nació Natalia (mi hija mayor) lo primero que hice fue comprarle una canasta que se adaptaba a su cuna y, cuando llegamos a casa y ni mi mujer ni mi suegra me veían, le ponía las 100 mejores jugadas de la historia de la NBA. Pero no había manera, hasta que este verano me pidió un balón de baloncesto grande. Ella sola…sin que yo le dijera nada. Y, claro, me faltó tiempo. Sí que estamos en crisis, sí…pero para los tiempos de crisis, ya se sabe, hay que tener pelotas. J

Mañana es la Volta a Peu a Tavernes Blanques. Es una carrera que espero desde hace tiempo con expectación…y no es porque sea una carrera dura, porque sea famosa a nivel internacional o porque regalen camisetas gratis…eso lo hacen en todas…Es porque esa carrera la corro con mi hija. Es verano, no hace frío (como las que organizan en invierno), es por la tarde y los chiquitines reciben medalla y camiseta solamente por participar. A mí me hace una ilusión tremenda. Un año (hace dos), por casualidad, descubrí que en Tavernes había una carrera para los pequeños y allí que la llevé. Todavía lo recuerdo. Tenía solo 3 añitos pero, cogida de mi mano (bueno, en realidad, la lleva a rastras), mientras gritaba por el esfuerzo (¡papá! ¡papá!), cruzamos la meta los dos. Y cuando le pusieron la medalla…no sé a quién se iluminó más la cara, si a ella o a mí. Yo ya la veía subida al pódium olímpico después de haber batido el récord de los 100 m lisos…Se pasó tres días sin parar de hablar de su medalla, se la enseñaba a todo el mundo que venía a casa y no se la quitaba ni para dormir. ¡Claro! ¡Le encanta el deporte! – pensé - ¡Eso es una señal inequívoca! …¡Ay, que equivocado estaba!

El caso es que esta mañana, mientras la lleva a clase se lo he recordado y aquí reproduzco el diálogo lo más fielmente posible:
P: Natalia, mañana tenemos una carrera.
N: No quiero correr. No me gusta.
P: ¡Si te dan una medalla! ¿Te acuerdas de la medalla que tienes?
N: Sí. No quiero correr. No me gusta.
P: ¡Pero si vamos con Pablo R.! Además, seguro que le ganas. Y luego nos vamos al Burger.
N: ¿Al Burger? Vale. Pero no quiero correr. No me gusta.
P: Papá se pondrá muy contento sí correr. Además, Héctor también va a correr (es mi hijo de un año). Va a ser su primera carrera y, tú que eres la hermana mayor, tienes que correr con él. Necesito que me ayudes para que no se caiga. ¿Vale?
N: Bueno. Si corre Héctor…Pero no me gusta correr…¡es que se suda! (otro paréntesis---hay que ver cómo sois las mujeres…desde pequeñas…pero eso será otro post)

Finalmente, parece que la he convencido, ¿eh? Mañana lo veremos. La verdad es que me hace mucha ilusión entrar con mis dos hijos en meta.

Hoy, domingo, prosigo con mi relato sin censura y lo más fiel a la realidad posible. Una vez conseguimos salir de casa (los que tengáis hijos me entenderéis), llegamos al aparcamiento y nos dirigimos hacia la entrega de dorsales. Los recogimos, nos tomamos una horchata y, ¡por fin!, nos dirigimos hacia la línea de salida. Quedaban 10’ para el gran evento.
P: Venga, Natalia. Vamos a calentar. Ya sabes lo importante que es estirar antes de competir.
N: Sí, sí…que eso me gusta.
Y, así, nos pusimos los dos a hacer estiramientos y a trotar. Yo, con Héctor en brazos, hacía lo que podía. Héctor, con una rosquilleta en la mano que cogió en la horchatería y que no había forma de soltara, me sonreía por detrás del dorsal (mi hijo es grande pero el dorsal está pensado para más mayores), ajeno a lo que al gran momento que iba a acaecer de un instante a otro. ¡Por fin! Llaman a las niñas a la cámara de llamadas. Natalia, como un rayo, llega a la línea de salida. “Je, je” – pensé yo – “tiene la adrenalina por las nubes. Como su padre” y se dibujó una orgullosa sonrisa en mi cara. “No te preocupes cariño” – le dije – “lo importante es participar. Papá está muy orgulloso de ti porque vas a correr. Tú corre sin mirar atrás, corre todo lo que puedas y nos vemos en el arco amarillo de la meta”. Me apuntó con esa mirada que sólo ella sabe poner y me dijo: “No te preocupes, papá. Acabaré y ganaré la medalla. Te quiero.”. ¡Acabáramos! La calle se hizo demasiado estrecha para lo ancho que me sentí en ese momento.
“Preeeeparadooooos, liiiiiiistooooooos….YA” y una jauría de niños desbocados salió en estampida hacia la meta…y allí estaba Natalia, corriendo sin mirar atrás, como yo le había dicho, sonriendo. Y puede ser que no fuera la más rápida, ni la que tenía mejor estilo al correr pero, para mí, fue la mejor. De eso no me cabe la menor duda. La recogimos en meta y…era el turno de Héctor.
Su carrera no estuvo mal. No quiso andar, con lo que tuve que cogerlo al brazo. Lo bajé cuando quedaban 5 metros para meta, al menos que entrara por sus propios medios. Como cuando la moto no arranca, a ligeros empujones logré que se pusiera en marcha y sí, crucé la meta con Héctor, que sólo soltó la rosquilleta para meterse en la boca la medalla que le colgaron

jueves 7 de mayo de 2009

Mi ultimo dia en vikingia

Hoy es mi ultimo dia en Estocolmo. No pensaba escribir nada pero acabo de hacer una cosas de esas que si no cuentas, revientas. Asi que, mientras espero al resto de la expedicion, os entrentende contandoos mi ultima peripecia...

Como ya es costumbre en mi desde que llegue al reino de Odin, me levanto con el sol, y eso que aqui ocurre alrededor de las 4.00. Bueno, hoy le he dado al astro rey media hora ventaja (lo siento, estaba perezoso). A las 4.30 he salido a correr y a poner las calles por ultima vez. Pero hoy no me iba a contentar con el alegre correteo por los jardines, praderas, avenidas, palacios y palacetes de Estocolmo...hoy queria hacer algo diferente...mi cuerpo tenia sed...sed de sangre vikinga...sed de duatlon...queria hacerme un hueco en el Valhalla, junto a Thor, el dios del trueno...

Asi que, como ingeniero previsor, ayer compre un tarjeta de alquiler de bicicletas de paseo; pero cuando digo paseo, quiero decir exactamente eso "paseo" (http://www.citybikes.se/en). Estas bicicletas estan repartidas por toda la ciudad y pueden utilizarse de 6.00 a.m. a 22.00 p.m. Asi que a las 6.00 recogi una en la Kungvägen y me dispuse a cabalgar como ya lo hicieran hace muchos anos (comprended que este teclado no tiene enes) los mas aguerridos vikingos.

Ahora acabo de llegar al hotel, despues de casi 6 horas de pedaleo continuo (y 90 minutos de carrera) y me siento tan satisfecho de mismo que creo que Thor me esta esperando en el bar de enfrente para tomarse una cerveza conmigo. No le voy a hacer esperar. Mis companeros no llegan hasta las 12.30.

miércoles 6 de mayo de 2009

Bécquer y Estocolmo

Bécquer empezó con "anoche cuando dormía soné, bendita ilusión..." y yo me atrevo a continuar "que a correr me ponía de Estocolmo la maratón". No, no he corrido la maratón de Estocolmo, ¡ya me hubiera gustado, ya! pero he tenido la "desgracia" de que el congreso al que venía era a principios de mayo y no al final de mayo, que es cuando se corre esta maratón. Pero...

Anoche, cuando dormía, se me ocurrió que, puesto que aquí amanece a las 3.30 a.m. y las conferencias a las que he venido no empezaban hasta las 9 a.m., podría salir a estirar las piernas un rato y hacerme, más o menos, todo el recorrido. Al final, creo que me han salido unos 25-26 km en unas 2 h. No es una gran marca, la verdad, pero que conste que he tenido que pararme varias veces para consultar el mapa y que cuando me encontraba algún monumento (y no me refiero a los que andan...que las suecas de las pelis de Alfredo Landa me parecen una leyenda), le daba la vuelta a la manzana para verlo bien, ¿eh?

Así que anoche me conecté a la web del maratón de Estocolmo para ver por dónde pasaba. Son dos vueltas al mismo circuito y con un perfil vacilón (http://www.stockholmmarathon.se/start/content_popup.cfm?Sec_ID=438). Visto que no me iba a dar tiempo a correr la maratón entera y que, ¡coño que estoy en un viaje de trabajo!, no era cuestión de dar la conferencia reventado y sin medalla, decidí dar solamente una vuelta y ampliar el circuito a una parte de la ciudad que no me iba a dar tiempo a ver. Total, creo que unos 25-26 km con un perfil prometedor.

Hoy me levantado a las 4.30 a.m. con bastante sueño pero dispuesto a alcanzar el objetivo que Bécquer me susurrara anoche al oído. Así que, bien abrigado y con el plátano en una mano y una botella de agua en la otra, salí a poner las calles de Estocolmo pues, para mi sorpresa, no estaban ni los camiones de la basura. Ya decía yo que la de la recepción del hotel me miraba con ojos raros. Yo creía que era por lo bien que me sientan las mallas, pero no...se ve que estaba pensando "anden va esten gilipollen?". Bueno, al menos, una sueca se acordará de mí. :)

En fin, las calles estaban desiertas como las de Madrid en "Abre los ojos". No veáis el pánico que da cuando oyes el eco de tus pisadas en una avenida muuuuuuuy larga, pero bueno, como buen vikingo estaba dispuesto a alcanzar mi Valhalla y reunirme al resto de los guerreros, que para eso soy guerrer13. Pero ahí iba yo Valhallavägen para abajo...Lo que más me gustó del principio de mi carrera fue el paso por el estadio olímpico. No sabía que había uno en Estocolmo. La verdad es que entrar en él acabando la maratón tiene que ser muy bonito porque la parte de fuera tiene forma de castillo vikingo.

No os voy a contar la carrera kilómetro a kilómetro. Eso lo haré el día que venga a correr la maratón esta...porque algún día vendre. ¡A Dios pongo por testigo!...si mi mujer me deja, claro. :)

La verdad es que hacer turismo corriendo es una forma que hace tiempo ni se me habría ocurrido. Ya lo hice en Lisboa hace unos años y hoy lo he vuelto a repetir y tengo que recomendároslo aunque hay que estar en forma para eso y, sobre todo, no salir a correr como un caballo desbocado porque no sabes cuándo te puedes perder.

Una cosa buena que tiene Estocolmo es que amanece a las 3.30 así que mañana alquilaré una bici y me iré a recorrer una isla llena de parques por la que he pasado esta mañana de refilón. El sol se reflejaba en un lago o en el mar (no sé muy bien qué era) y con el cielo teñido de púrpura resultaba una imagen muy bonita, casi tanto como el atardecer en la Malvarrosa (hay que promocionar el turismo nacional). Era precioso así que intentaré volver. Como el resto de la expedición no se levanta hasta las 8.00 o las 9.00, tengo ahí 5 horas de excursión en bici que espero que den para mucho.

Un abrazo a todos

Mi segundo triatlón

Lo primero el ambientazo, un mogollón de triatletas allí metidos, algunos con sus retoños y todo, para que vayan aprendiendo, je, je.

Cabe destacar la vene EXIBICIONISTA de muuuchoos triatletas, paseandose y haciendo estiramientos en bañador o en gallumbos, pavoneandose mostrando sus abdominales y pectorales por todo el pabellón.
Las triatletas, por desgracia son mucho más recatadas...

Luego el Gomez Noya este, que yo no sabía quien era y he acabao del nombrecito hasta el gorro!! Un tío super normal en apariencia pero es una maquinorra!! Ganó, según todo el mundo auguraba..

La playa para nadar impresionante, el agua limpísima aunque bastante picada y fría a medida que te adentrabas. Una pena no haber llevado un neopreno largo y bueno . Me dejó Mabel uno corto de Tribord, y eso ni calentaba ni flotaba, mejor que nada es, pero pasé frio como recuerdo pocas veces.

Me conciencié que era así como iba a nadar, con mucho frío, y me puse en primera fila, "Antes de tener que adelantar yo, el que quiera o pueda que me adelante a mi" y salí como un rayo. A pesar del frío que afectaba a mis extremidades y a mi rendimiento, nadé como si me persiguiese un tiburón 150 metros más o menos, muy bién porque no llevaba a nadie delante por mi lado. "Joder, si puedo con el frío 15 minutos esto no va mal", pensé...
Pero fué en ese momento cuando saqué la cabeza para buscar la Boya y respirar y vino la fatidica ola.

Si, me tragué la ola entera, me quedé sin respiración y con la boca y la garganta llenas de agua salada.
Ahí me tuve que parar en seco, toser mucho e intentar coger aire. Fué inutil, por unos segundos solo había agua hacia mis pulmones. Vuelvo a toser y a intentar serenarme, pienso "A tomar por el c*lo, me largo, olas, frio, y ahora encima me estoy ahogando", un momento muy muy muy malo. Pensé seriamente en darme la vuelta, peró me dije "Tira para alante capullo, si has llegado hasta aquí no te das la vuelta. Acaba el agua que si puedes con esto y con el frio y con las olas lo demás está chupao"
Saco aire de donde no tengo y vuelvo a nadar, casi sin poder respirar durante los siguientes segundos que se me hicieron interminables. A todo esto ya me habían pasado un mogollón de tios porque me costaría unos 10 segundos empezar a moverme de nuevo.

Nado como puedo, muyyyyy mal, pero nado, y llego hasta primera la boya. "Ya está, ya estoy en la boya, joder y que frío", pero como ya había pasado el ratito ese tan malísimo ya me daba igual el frío y la gente y las olas "Esto lo acabo yo por mis c****es", al final llegué a la playa en 17 minutos, 5 más de lo que esperaba, pero llegué.

La bici, como era un puerto de montaña era mi terreno, y con mi "Espada" me dispuse a "partir carbonos". Y vaya si partí, ahí si que no tuvo nadie "fuerzas" (por no decir otra vez c***ones) a cogerme rueda, pasé a un montón de gente, y cuanto más empinado más fuerte me sentía.
En una de esas me giro y veo a una moto de la Guardia Civil que me sigue, "Mierda, voy tan rápido que me he saltado alguna señal de velocidad!!" Y el motorista haciendome fotos con su cámara reflex, lo miro y me echo a reir.
El agente acelera y se pone a mi lado "¿De que te ries¡?" me pregunta, "De que va a ser la primera vez que la Guardía Civil me haga una foto y no me cueste un mogollón de pasta!!!" Le digo, y los dos nos echamos a reir!! "Estas son de gratis" me dijo...

En la carrera a pie fué cuando supe que era el último de los del poli, así que decidí que eso no acabaría así. En la primera vuelta vi por donde iban y me empecé a encontrar mejor, para en la segunda vuelta apretar y pasar a Vicent, que iba jodidillo de gemelos, y pillar casi en meta a Alberto con el que entré a 3 segundos.

Menos el rato del agua que fué odioso el resto de la carrera me lo pasé teta!!

Luego masajito en la patejas que cuando me bajé de la camilla casi me caigo al suelo porque las piernas estaban "atontás", je, je.

Y por la noche poquita fiesta, hasta las 2, que también hacía frio....

Si queréis saber más ya os contaré en pistas.

SALUD!!!!