Visto que Zeus no puede controlar últimamente a sus fieles, ayer decidí solucionarle el problema subiendo lo más cerca del Olimpo que se puede subir por aquí "cerca": el pico Espadán. Nunca había participado en una carrera de montaña y, en un acto, de cojonería y locura, decidí apuntarme con mi amigo Alfonso a la XI Maratón de Espadán (http://www.maratonespadan.org/). Nada mejor que hacer un fin de semana que dar una vueltecita por la montaña.
La crónica será breve porque las neuronas las tuve que recoventir en energía para poder acabar la carrera. Nada más salir de mi casa me paró la policía. Un tipo con mallas y camiseta ajustada, con una botella (de agua) al lado, con el Ave María cantado por IL DIVO a toda pastilla, conduciendo un coche oscuro a las 6.30 a.m. de la mañana, no podía ser nada bueno. Cuando les expliqué la situación me miraron con cara rara y me desearon suerte. Se ve que sabían lo que pasaría después.
Recogí a Alfonso sobre las 6.45 en Bétera y salimos los dos, nerviosos y excitados (las mallas me quedan muy bien), camino de la hazaña que nos aguardaba. Pese a que nos perdimos en un rotonda que giramos n-veces (como el problema del perro y el conejo que cuenta la leyenda que puso Montesinos en un examen), conseguimos llegar a Segorbe a punto a recoger el dorsal, vaciar el cuerpo y calentar. Con el frío que hacía, nos costó. Hasta aquí, todo fácil...
Al fin, la salida. Escopetazo de salida y empezamos a correr por las calles de la ciudad. Nada más empezar a subir, Así en frío. ¡Qué cabrones que son! Se comentaba entre los novatos. Los que repetían, se reían. Luego descubrí el por qué. ¡Qué ignorantes fuimos! Recuerdo aquella cuesta con mucho cariño. Tanto que tuve que ir al baño a tocarme...me meaba. :)
Entre el km 1 y el km 26 lo único que recuerdo es escalamos como lo haría Spiderman o el mísmimo Yakie Chan (quenotuilizadobles) por pendientes tan escarpadas ni peligrosas que no había ni cagarrutas de cabras que atestiguaran que, además de pinos, alcornoques y algún que otro extraterrestre, había habido vida no vegetal por allí. Aferrándome a las piedras y pedruscos del camino como pude, conseguir coronar el pico de Espadán. "A partir de ahora es todo bajada", se oía ese rumor continuamente. Claro...en lo que no había caído yo es que "ahora" depende del instante t=t0 que uno escoja en su sistema de referencia. ¡Coño! Lección de Física de tercero de BUP, ¿cómo no había caído? Se ve que los organizadores pusieron su t=t0 en la cuesta que, al volver, llevaba al polideportivo en que estaba la meta.
A partir de km 26 empezamos a "bajar" por una senda ancha, como la que aparecía en el cartel de la maratón y que fue la que me empujó a apuntarme. ¡Qué idiota! Estamos en la era del marketing y yo mismo, consciente de ello,me dejé enganchar cual mosca cojonera en la tela de una araña. Si es que...
Recuerdo que hasta el 39 vagamos por sendas de un palmo de ancho, cruzamos ríos y arroyos saltando entre piedras, como los participantes de Humor Amarillo pero sin casco y sin concurso y, tengo que confensarlo, yo estaba disfrutando como un enano. A pesar del sufrimiento, del miedo de estar solo en medio de la montaña, sin ningún tipo de asistencia sanitaria (allí si te caes y te partes una rodilla, el único que puede enterarse es el primo de Curro Jiménez a algún oso pardo que se haya escapado del Bioparc), muerto de frío y de hambre, me sentía vivo, capaz de superar cualquier obstáculo que la naturaleza pudiera ponerme delante. 8) Pero eso lo escribo hoy, ayer os puedo asegurar que no pensaba igual.
Los organizadores, pensando en que Navidad está cerca, nos ofrecieron un "regalito", a escalar otra vez desde el km 39 al km 40.5 más o menos. Durante esos casi dos kilómetros comprendí cómo debieron sentirse los Apóstoles cuando las lenguas de fuego descendieron sobre sus cabezas y aprendieron todos los idiomas del mundo, por que yo aprendí a maldecir en todos los idiomas también. Pero bueno, como dos jabatos, superamos el obstáculo.
Finalmente, llegamos al pueblo y, como no, el recorrido hasta el polideportivo no podía ser de otra forma: ascendente. Le echamos los webs que nos quedaban y allá íbamos los dos, cual Don Quijote y Sancho Panza, a por el objetivo final: la meta. Tal y como hubiera hecho los mísimisimos Laurel y Hardy, nos cogimos de la mano y entramos, cual dos enamorados, en meta a la vez. Nos abrazamos y nos felicitamos. Lo que pasó después ya no lo cuento. :p
jueves, 30 de abril de 2009
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