jueves, 30 de abril de 2009

La conquista del Olimpo...

8 Nov, 22.30 hora de Atenas. Nervioso y eufórico antes de la batalla, leo el mensaje de ánimo de Alfonso. Emocionado, orgulloso y con el pecho henchido por el ansia de entrar en combate, intento dormir.
9 Nov, 4.45 hora de Atenas. Suena el despertador. Tras vaciar los intestinos para evitar hacer sentadillas en mitad de la carrera, me pongo en traje de ceremonias. Finalmente, el bañador de triatleta, la camiseta que me dejó Alfonso y mallas larga. Abro la ventana. Hace frío y está nublado. Cambio de planes, corro con camiseta sin mangas. Otra vez al trono. Termino y me bajo a desayunar a las 5.00.
9 Nov, 5 hora de Atenas. El restaurante del hotel está lleno de triatletas de todo el mundo. Ambientazo, pero los nervios y la tensión se mascan en el ambiente. Me encuentro a un señor noruego de 78 años que casi no puede ni andar. Muy simpático me cuenta que era su maratón número 53 y que su peor tiempo es de 2:45!!!!!!!. Me dice que esta es muy llana aunque tiene alguna cuestecilla que se atraganta. Me da ánimos y me desea buena suerte. Yo acojonao hasta que me encuentro a un holandés hecho un manojo de nervios (más que yo, incluso) que perdía la virginidad maratoniana ayer y me pide consejos. Eso me da ánimo y me repito las mismas palabras que llevo repitiéndome a mi mismo desde que me inscribí: bebe agua y dosifica el esfuerzo. Se va contento y yo también.
9 Nov, 6 hora de Atenas. Salgo del hotel hacia el Estadio Olímpico, donde nos esperan autobuses para llevarnos a Maratón. Me encuentro a un inglés y una inglesa que también corrían su primera maratón y me piden consejo también. Vuelvo a repetir lo mismo. Eso me infunde valor y confianza y me ayuda a concentrarme.
9 Nov, 6.30 hora de Atenas. Estoy en la cola del autobús. Me encuentro a dos señores españoles de Asturias. Me subo con ellos en el autobús y vamos comentando la carrera. Me dicen que de llana nada, que es un diente de sierra de tres pares cojones. Yo quiero creerme al noruego pero el autobús nos lleva por el recorrido de la Maratón en sentido inverso y parece una montaña rusa. Acojonante. Empieza a subirme la adrenalina. Quiero que llegue el momento, empezar a sufrir y entrar como un campeón.
9 Nov, 7.30 hora de Atenas. Llegamos a Maratón. Un pebetero con la llama Olímpica que nunca se apaga. Más de 6.000 atletas concentrados. Todos meando y defecando en cualquier parte. En algunos sitios, el suelo patina. No entro en más detalles. Una china comiéndose una fiambrera de macarrones mientras yo me toco con vaselina…para las rozaduras. Dejo los trastos, me despido de los españoles y caliento un poco.
9 Nov 8.45 hora de Atenas. Llamo a Alfonso con la intención de despertarlo y está despierto. ¡Mierda!
9 Nov, 9.00 hora de Atenas. Suena el disparo. Poco a poco la marea comienza a moverse. Noto la adrenalina fluir dentro de mí, mis sienes laten y el cuerpo me pide guerra. “No, hay que dosificar”, me repito una y otra vez.
Y ahora por kilómetros.
Km 8. Pasamos por la tumba del soldado que inventó la maratón (ya podía el tío haber empezado a correr a 2 km de Atenas). Una señora me da un corona de laurel para que corra con ella. Me la pongo pero al rato se cae. Una pena. Sigo corriendo. De momento, voy a 5’ 30’’/km. Consigo dosificar.
Km 10. Se acabó la parte llana. Empieza el diente de sierra. Reparten agua. Algún HP tira la botella al suelo cerrada. La piso, me tuerzo el pie y cago en los muertos del tipo de la botella. “No hay dolor, no hay dolor. He venido aquí a triunfar y triunfaré”.
Km 12. Le pido a los sanitarios un bote de Reflexdopulos. De apoyar mal el pie, el tendón de Aquiles me quema. Se me pasa. “No hay dolor, no hay dolor”. Cada vez que hay un sanitario, me echo Reflexodopulos.
Km. 12-26. El tendón de Aquiles me pincha. Para y estiro mientras que como un plátano. Me juro a mí mismo que acabaré como sea.
Km.27. Empieza una de las subidas más duras. El plátano me hace efecto y empiezo a encontrarme de puta madre. Todo el mundo está hecho polvo y yo subo las colinas helénicas como si tal cosas. Me siento vivo y dejo de hacer caso a la señales de mi tendón de Aquiles. Me voy a comer el mundo. Subo un poco el ritmo. Adelanto el tipo de la botella y me cago en su puta madre. Me contesta. Es de Madrid. 
Km.29. Me vuelve a pinchar el tobillo. Bajo un poco el ritmo pero no paro nada más que a por Reflexdopoulos. Subo y bajo como un campeón. Miro el reloj. Si tardo un poco más, pierdo el avión. Mierda! A ver cómo se lo explico a Clara.
Km.32. Aquí está la última cuesta gorda. La subo silbando la canción de verano azul. Por gilipollas, me entra un poco de flato. No importa. Hay que acabar como sea.
Km.33. Se me hizo eterno. A partir éste, están señalizados todos. Menos algunos que os contaré después.
Km. 39. El tipo de delante de mí se desploma. Intento ayudarle pero me dice que siga…como se acercan los sanitarios, sigo.
Km 40. Empiezo a llorar como una magdalena. No sé si es la emoción, el dolor, el cansancio…ya huelo la meta. Me veo entrando en el estadio olímpico. Sigo corriendo. No hay más kilómetros señalizados…Empiezo a pensar que me he equivocado de camino. Voy solo. Cagoentó. Sigo corriendo.
Km.41,5. Veo a gente. Voy bien. Menos mal. Sigo llorando. Me encuentro que te cagas. Empiezo a esprintar. Aguanté el ritmo aunque muera en el intento.
Km.42 Entro en el estadio olímpico. Ya se ve la meta. Corro lo máximo que puedo, saltando a gente que se para y no puede seguir. “Vamos cojones”, grito. Entro en meta. Empiezo a saltar de alegría. Me da igual el pie, el tendón de Aquiles o si pierdo el avión. Entre lágrimas y saltos, una griega me pone la medalla. Levanto los brazos y empiezo a gritar “Soy el puto amo de las maratones. Viva España”. La gente me mira pero me da igual. Miro el reloj: 4h 16’. Mierda de tiempo pero siempre me quedará la duda de que podría haber hecho menos. Muy contento. Cambio a la hora. Joder!, el avión sale en apenas 3 horas!!!!!!

9 Nov, 13.20 horas. El hotel está a unos 45 minutos andando. El centro de Atenas está cortado y colapsado. Imposible coger un taxi. Miro al cielo y le lanzo un desafío a Zeus: “Me voy corriendo. Tu carrerita no ha podido conmigo”. Llegó al hotel el 32 minutos. Me dejan ducharme el cuarto de baño de personal. Estiro mientras viene el taxi. El taxista un espectáculo.
9 Nov. 15.45. Llego al aeropuerto. El mostrador de Iberia justo a la otra punta. A las 16.00 tengo que embarcar. Mierda! No me va a dar tiempo a comer. Luciendo mi medalla de maratoniano me cuelo en la cola y me dan la tarjeta de embarque. Me piden que deje la botella de Gatorade con la que he entrado en Atenas. Le digo al tipo que ni pensarlo. Después de ponerme cabezón y vaciarla, me deja. Están embarcando. La puerta de embarque en la otra punta. ¡Otra vez! Joder. No me da tiempo a comer. Solo me quedan barritas. Mierda!
9 Nov. 16.40. Consigo embarcar. Todo cargado y reventado de tanto correr. Muerto de sed y de hambre. Hablo con la azafata para que, por favor, me dé agua. La amenazo con beberme el depósito y abortar el vuelo. Me dice que no puede darme una botella, pero que hace los viajes que haga falta y me sonríe. Efectivamente, hizo cuantos viajes hicieron falta y solucionó mi hambre dándome de comer.
Finalmente, llegué a casa a tiempo de darle un biberón a Héctor, mientras le contaba que dentro de veinte años nos iremos los dos a Atenas a repetir la gesta. Espero que se acuerde. A mí no se me olvidará.

1 comentario: